TALLER DE GUITARREROS I

Miguel Beneyto Rodriguez

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Graciliano Pérez y José Pérez 

1 (8)Existe en Alemania una ciudad, donde se encuentra desde hace cientos de años el mayor mercado de pino abeto, “Picea Abies”para instrumentos de cuerda, la mejor madera para violines e instrumentos afines hasta que se incorporó la guitarra, no recuerdo su nombre ,imposible de pronunciar y mucho menos de recordar .En el taller de Rodríguez no se daban muchos detalles sobre cosas tan concretas como estas ,conseguir las maderas a principios del siglo pasado en nuestro país obligaba a contactar con distribuidores de otros países y para las tapas de pino Rodríguez tenía su suministrador Alemán que le proporcionaba la mejor madera disponible. Distinguir una variedad de pino de otra no es tarea sencilla sí antes no se han visto muchas tapas de unas u otras variedades; pino abeto Alemán, Rumano, Suizo, o las variedades americanas; Enngellman, etc.

He hablado de la importancia de la madera para la tapa y no me cansare de volver sobre ello, dos cosas son necesarias recordar, una la calidad pero tan importante como ella es la curación. ¿Quien guarda hoy unas tapas de pino o de cedro durante al menos veinte años? Muy pocos, al comprarlas raro o rarísimo es saber cuánto tiempo lleva almacenada por eso la única garantía es curarlas uno mismo. ¿Y mientras, qué hacemos?, pues no queda más remedio que trabajar con lo que se compra en el mercado ,pero el anhelo secreto de cualquier Guitarrero es poder comprarle a otro madera que haya tenido almacenada para su consumo y que por uno u otro motivo no ha utilizado, pero eso ocurre poquísimas veces.

Miguel Beneyto RodriguezRecuerdo que una vez Ramírez ll, escribió una carta a Miguelito (Miguel Beneyto Rodríguez) para ofrecerle una partida de pino que había comprado pero que él consideraba que no reunía la calidad suficiente para sus instrumentos ,es de suponer que cuando la compró ,era porque reunía unas condiciones mínimas, no se cual fue la respuesta de Miguelito, pero esto viene a decirnos que en aquella época aún no siendo fácil las comunicaciones, existía entre los Guitarreros, al menos entre algunos una cierta camaradería que hacía posible que se ayudaran entre ellos.

Miguelito tenía madera de primera para sus guitarras, pero no despreciaba nada, a cualquier tabla le daba su cometido, sí no servía ni para guitarra de segunda, la utilizaría para bandurrias o laudes, por eso tenía fama de guardarlo todo, dicen que en una gran bolsa de tela guardaba los recortes sobrantes de cada guitarra y que anotaba los datos para identificarlas, estos retales le servían luego para realizar reparaciones en guitarras que sufrían roturas de cualquier tipo, eran famosas, sus reparaciones, las rajas de la tapa eran suplementadas con la misma madera original y con una habilidad inigualable conseguía conjugar las betas de manera que el resultado final era excelente, yo tuve la suerte de que me reparara una guitarra y quedé sorprendido por su trabajo tan meticuloso.

Miguel vivía en el mismo taller eso era una ventaja pero en cierto sentido conociendo su temperamento hacia que se pasase más horas de las normales, llegando incluso a pasar noches acabando algún instrumento atrasado. Como dormía encima de la sala de trabajo, en algunas ocasiones se despertó sobresaltado por el ruido que producía una guitarra al rajarse que aunque no lo parezca es bastante audible, cuentan que sólo en una ocasión se le despego un puente de una guitarra acabada y que fue tal el estruendo que salto de la cama para ver que ocurría. Hoy difícilmente un Guitarrero vive tan cerca de su oficio como lo hacia él, una vez que cerramos el taller nadie sabe lo que ocurre allí, bueno excepto en el mío donde alguna pequeña rata le gusta pasearse por el ciprés o meterse entre el cedro, durante un tiempo intenté cazarla sin éxito a sí que ya forma parte del taller, tanto como cualquier herramienta.

Por Graciliano Pérez Carrizosa
Constructor Artesano de Guitarras
Colaborador de la Fundación Guitarra Flamenca
www.fundacionguitarraflamenca.com

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