TALLER DE GUITARREROS XII

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Graciliano Pérez y José Pérez

El mango, propiamente dicho, es la parte del mástil que va de la cabeza a él zoque, aparentemente es una parte que no es complicada, pero sólo aparentemente. Cuando el guitarrista toca por primera vez tú guitarra una de las cosas que automáticamente va a notar es el contacto de su mano izquierda, con está parte, de la guitarra, aquí por deformación y por costumbre siempre va a surgir la comparación con la otra guitarra, la suya la de siempre y es que no existen dos mástiles idénticos salvo que los haya realizado una máquina, notar la diferencia de grosor, la curvatura, el aumento de está conforme nos vamos acercando al traste doce, la anchura ,todos estos factores unidos crean rápidamente una sensación de comodidad o incomodidad, aquí nos jugamos la venta de muchos de los instrumentos .Está sensación no deja de ser una impresión subjetiva, propia del mismo guitarrista al enfrentarse a un instrumento distinto al que toca de manera habitual, a veces aún siendo un mango que reúne todas las condiciones para ser cómodo, se reconocerá como un elemento extraño ,confundiendo extrañeza con incomodidad, eso se soluciona tocando la guitarra un buen rato.

La tendencia del Guitarrero como es lógico ,es la de defender su guitarra por encima de todo e infravalorar las demandas del guitarrista achacando cualquier queja, a la extrañeza, pero quiero contar una anécdota que me hizo cambiar de manera de pensar, un día Vicente Amigo vino a recoger una guitarra ,como siempre la tocó largo tiempo sin decir una sola palabra, al final me dice:

Está guitarra tiene el mango más grueso en este lado de los bordones que en el de las primas, a partir del traste siete.

Claro está que ante tan rotunda afirmación no tuve más remedio que echar mano del calibre y con sumo cuidado confirmar o desmentir lo que el artista decía, para mi sorpresa llevaba razón, había una diferencia de un milímetro, repito de un sólo milímetro.
Pensé que esa manera de apreciar algo tan sumamente pequeño, no había sido casualidad, sería fruto de una sutil sensibilidad desarrollada por el cerebro después de haber estado en contacto 40 años con una guitarra.
Un guitarrista, de larga trayectoria es capaz de detectar diferencias inimaginables en una guitarra, desde entonces cuando alguien dice algo sobre la guitarra me callo y me pongo en guardia, es posible que lleve razón.

Con Vicente Amigo llegó la cosa ha ser tan decisiva que opté por realizar un molde del mástil de su guitarra con silicona de dos componentes y después vaciar el molde con resina a sí obtuve una replica exacta del que él tenía en su cabeza, ahora quedaba que yo lo metiera en la mía.
El mango tan discreto aparentemente esconde multitud de trampas para el Guitarrero.

Por Graciliano Pérez Carrizosa
Constructor Artesano de Guitarras
Colaborador Fundación Guitarra Flamenca.
www.fundacionguitarraflamenca.com

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