TALLER DE GUITARREROS XVIII

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Graciliano Pérez y José Pérez

Sin duda la dos piezas más complicadas de realizar en el trabajo de la guitarra son el mástil y el puente, al menos para mí, ambas reúnen una serie de variaciones que las hace difíciles en sí mismas, incluso para una producción en serie en fábricas de renombre solo han podido realizarlas con máquinas de control numérico computarizadas, máquinas que en realidad son robots con cabezales auto- abastecidos, lo que quiere decir que la fresadora dirigida por un programa informático elige las fresas necesarias y las cambia sin que intervenga la mano humana, aún así la realización de ese mástil completo no deja de ser un trabajo complicado.

Para la mayoría de los guitarreros que por supuesto no poseemos CNC (robots de control numérico) la tarea aunque ingrata, se realiza con soltura, cada cual ha ido solucionando a su manera estos problemas y el mismo se acaba convirtiendo en uno de estos sofisticados y carísimos aparatos.
El mástil con su cabeza, mango y zoque puede reunir muy bien más de 20 trabajos diferentes, realizados totalmente a mano, que a demás han de reproducirse de manera idéntica para cada guitarra, cualquier variación repercutiría de manera negativa en el resultado final.

En el proceso de trabajo del artesano la elaboración de estas partes no son unitarias, sí no que cuando se hacen mástiles uno realiza los de todo un año e incluso más, eso lleva un tiempo considerable pero al hacerse de esta manera el artesano puede concentrarse en su modelo y tratar de reproducirlo una y otra vez siguiendo su diseño, es mucho más fácil hacer veinte que uno solo. De las cosas que más llaman la atención cuando uno tiene la ocasión de ver una de estas largas tiradas de mástiles o de puentes de algún importante artesano, es sin duda su homogeneidad ¡Todos son idénticos! es como sí una de esas máquinas CNC hubiese repetido y copiado el original, yo que tengo mil problemas a la hora de conseguir esa homogeneidad valoro casi tanto está facilidad como la de obtener un sonido excelente al final. Conforme se va creciendo como Guitarrero uno se vuelve maniático con los detalles y trata de realizarlos con perfección absoluta una y otra vez ,y no es cuestión sólo de estética ,sino de funcionalidad, el acabado interno de una guitarra ,las partes que no se ven son realizadas con el mismo esmero que aquellas que son accesibles a la visión, de hecho a veces se valora mucho más ese interior que el exterior cuando se quiere evaluar a un artesano ,aunque el que es capaz de dejar un interior impecable no cabe duda de que también dejó un impecable mueble externo.

También ese acabado de las piezas que componen el interior de la caja tiene su importancia acústica, nos esforzamos por no dejar ángulos rectos ,y lijamos meticulosamente cada parte porque sabemos que los ángulos rectos no favorecen la vibración, lo mismo que las micro – fibrillas que quedan en una madera mal lijada, y eso a nivel invisible repercute en una disminución de la vibración de la madera, porque ese es el objetivo a la hora de construir ,que toda la energía vibratoria que se aplica al instrumento se transforme en sonido y no se disipe en una fricción inútil contra elementos microscópicos como sería los millones de fibrillas que quedan en la superficie de una madera insuficientemente lijada. Algunos guitarreros llegan en su obsesión por dejar un interior impoluto a barnizar el interior cosa que no está demostrado que sea lo mejor, pero en principio parecería tener su lógica.

Por Graciliano Pérez Carrizosa
Constructor Artesano de Guitarras
Colaborador Fundación Guitarra Flamenca.
www.fundacionguitarraflamenca.com

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