TALLER DE GUITARREROS XXVII

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Graciliano Pérez y José Pérez

Por una ley matemática muy simple, si una cuerda de guitarra o de cualquier otro instrumento se pisa con el dedo hasta llegar al diapasón sufrirá una elongación en su longitud total que será proporcional a la altura que debe recorrer hasta el diapasón y a la longitud original, de manera más simple si la cuerda de tiro mide 650 mm al pisarla crecerá uno o dos milímetros siendo su dimensión final 652 mm, por ejemplo, eso obliga a realizar lo que se denomina “una compensación” es decir el puente no se colocara a 325 mm, que es justo la mitad, ósea la primera octava, sino que lo pondremos a 651.5 mm, esto hará que la guitarra no desafine al tocar principalmente en los trastes mas inferiores.

Las guitarras de folk americanas hacen esta compensación solo en el puente en la zona de las cuerdas graves colocando la ranura para el hueso ligeramente inclinadas hacia el tope de cola, y por último los más atrevidos reparten esa diferencia mínima de unos 2 mm a todo lo largo de la colocación de los trastes, método bastante complicado. Esto es conocido por todos los guitarreros universalmente pero hace unos 50-60 años o incluso menos había guitarreros que negaban esta compensación, quizás porque no lo veían claro o quizás, es lo más seguro, porque disponían de algún utensilio heredado que marcaba la situación del puente justo ahí y si su padre y su abuelo siempre lo coloco de esa manera es que no había otra manera posible. Por supuesto que esto les traía algún que otro disgusto y me refirieron en cierta ocasión la agria disputa entre un profesor de guitarra israelí y un afamado constructor que se negaba a reconocer que su guitarra desafinara en ciertas notas, como esto no acababa de solucionarse y las guitarras eran de muy buena factura otro gran cliente de esa casa propuso al maestro comprarle la guitarra sin puente y sin barnizar para poder a si por su cuenta hacer la compensación correcta y barnizar a su gusto, no sería fácil describir el enojo del guitarrero que no concebía ese tremendo desdén hacia sus instrumentos, no sé si al final capituló y acepto la norma universal o se mantuvo en sus trece hasta el final de sus días.

Por Graciliano Pérez Carrizosa
Constructor Artesano de Guitarras
Colaborador Fundación Guitarra Flamenca
www.fundacionguitarraflamenca.com

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