TALLER DE GUITARREROS XXX

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Graciliano Pérez y José Pérez

Cuántos grandes guitarreros he conocido, el primero sin duda Miguel, luego los demás que trabajaban en esta ciudad, después, José Luis Romanillos, Manuel Contreras, Manzanero, José Ramírez III, Paulino Bernabé, Marcelino López Nieto, Rafael López Porras, Santiago Marín, Abel, Antonio Marín, Luis Ángel Cañete, Chacón, y alguno más que no recuerdo sus nombres, todos estos años dedicados a este trabajo me proporcionó la suerte de poder conocer y en algunos casos ,entablar amistad con profesionales ya consolidados, de todos aprendí directa o indirectamente algo que en muchos casos nada tenía que ver con la guitarrería como curioso observador ,vi en sus actitudes y comportamientos, cosas que me llamaron la atención y me ayudaron a tener una idea más personal.

Con todos me habría gustado mantener profundas conversaciones sobre la construcción de la guitarra, pero existe una regla no escrita que viene a decir que sólo serás amigo de un Guitarrero “mientras no hables del oficio” en honor a la verdad existen excepciones que confirman la regla, pero muy pocos, ¿Entonces porque ese tabú a la hora de hablar sobre el modo de construir? Y no hablemos sí echamos un vistazo a los pocos libros que se denominan “Manuales de construcción” escritos por Españoles. Cuando comencé, lo primero que intenté fue conseguir literatura castellano, pero mi sorpresa fue que sólo sí con un libro, no existía nada más, ¿Cómo era posible que sobre la guitarra española, con más de un siglo de tradición, jamás ningún Guitarrero Español hubiese sentido la inquietud de dejar escrito como se hacía una guitarra?, Eran los años 80 aún no existía Internet y la búsqueda de los raros ejemplares escritos en otros países se convertía en un verdadero trabajo de investigación.

Tú no podías llegar a un taller y decir que querías convertirte en aprendiz, sencillamente era algo inimaginable, aún hoy sigue siéndolo mi me han puesto el pie en la puerta para que no pudiera ni asomar la cabeza dentro del taller, como siempre existen contadas excepciones, sin duda esto se debe a que lo que uno aprendió con tanta dificultad, no está dispuesto a compartirlo.

Siempre existieron talleres donde se formaron buenos aprendices, en Madrid y Granada básicamente, y estos acabaron abriendo sus propias guitarrerías, pocos han sido los que han permanecido en los talleres de sus maestros hasta su jubilación, también esto determinó que muchos artesanos fuesen remisos a contratar aprendices. La tradición se ha mantenido dentro del núcleo puramente familiar al estilo de los antiguos gremios de artesanos, particularmente sufro cuando pienso que un Guitarrero de 80 años, puede morir llevándose a la tumba un bagaje de conocimientos sobre su oficio que ha supuesto el duro trabajo de una vida y que se pierde sin remisión, por eso cuando un Guitarrero comienza sin maestro está obligado a recorrer el mismo camino y las mismas penalidades, y esto se repite generación tras generación, un derroche de ciencia que probablemente ha retrasado la evolución del instrumento en todos sus aspectos. Por el momento las cosas siguen de parecida manera, aún está por escribir el gran libro en castellano que reúna la mayor parte de esos conocimientos, y en lo que respecta a los talleres, las puertas solo están abiertas hasta donde no se compromete la intimidad del negocio. Con la llegada de Internet, se han abierto las ventanas, y por ellas se han colado las cámaras, pero no vallamos a pensar que toda la construcción ha quedado al descubierto ,en vídeos americanos o ingleses se pude entrar hasta la cocina ,pero en los españoles, apenas pasamos de la salita de estar, es decir que aunque Internet ha facilitado mucho las cosas para los principiantes ,tampoco ha constituido una verdadera escuela. Los cursos que se imparten, son escasos y económicamente resultan gravosos, la iniciativa oficial no ha creado escuelas duraderas y bien dotadas para la enseñanza, ósea que estamos en este sentido como a principios de los 80. Alguien y con razón podría lanzarme un desafío ¿Y porque no abre usted las puertas de su taller a todo aquel que quiera aprender? y yo contestaría; porque una cosa es trabajar y otra muy distinta formar, porque en el fondo ensenar este oficio requiere un tiempo y dedicación incompatibles con el negocio, no puede ser rentable, y por último porque a lo peor yo también me he contagiado de ese virus del hermetismo.

Así que para concluir diré que además de tener algún trastorno neuronal, el Guitarrero es un tipo “raro” por definición.

Por Graciliano Pérez Carrizosa
Constructor Artesano de Guitarras
Colaborador Fundación Guitarra Flamenca
www.fundacionguitarraflamenca.com

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