TALLER DE GUITARREROS XLI

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Graciliano Pérez y José Pérez

En el mundo de la construcción de guitarras se da un fenómeno cuanto menos curioso, todos los guitarreros poseemos un ego particular, es muy difícil encontrar alguno que escape a esta norma. ¿Y como es el ego del guitarrero?, pues desmesurado diría yo ,porque desde que se construye la primera guitarra uno cree que ya está en la línea de salida donde se juega el número uno del top mundial, es algo que va creciendo guitarra tras guitarra creando ese pequeño ego que ira alcanzando a veces tamaños descomunales, la única consecuencia real de este hecho es el aislamiento, cada cual entre sus cuatro paredes no admite la intromisión de nadie y menos si vienen a cuestionar alguna faceta de su trabajo, o lo que es peor se le trae un instrumento para que lo evalúe siendo de otro artesano, entonces se desata el huracán de ese ego inconmensurable y puede producirse un daño irreparable en forma de critica despiadada en nombre de su sola capacidad artística.

Antes de continuar me gustaría explicar que el ego no es ninguna entidad ,ni se encuentra en sitio alguno de hecho no existe ,es algo que creamos nosotros mismos con nuestra imaginación y que alimentamos día a día con nuestros pensamientos y con nuestros deseos. Supongo que no es solo el mundo de la guitarra el único que se ve sometido a la tiranía del ego de cada cual, que lo único que retrata es el ser de la persona, o se es buena o se es mala persona, ¿Que guitarrero no ha sufrido alguna vez esa experiencia? Creo que casi todos en alguna ocasión fuimos víctimas del desmesurado ego de otro compañero que rompió, si no nuestros sueños, si nuestra inocente pretensión de mostrar un instrumento.

En esto D. Miguel Rodríguez no era precisamente un hombre humilde, y existe una anécdota que lo avala; hace muchos años en Córdoba tras una tormenta importante un ciprés enorme quedo seriamente dañado, y hasta allí corrió otro guitarrero mucho más joven con la intención de pedir el ciprés para él y de hecho lo consiguió, pero cuando todo parecía que iba a salir bien apareció el viejo Rodríguez y acercándose al principiante le dijo “niño, ¿tú para que quieres tanto ciprés?” y consiguió quedárselo.

Yo, tengo ego como cualquiera, y lo único que intento es aprender a no dejar que campee por sus respetos, eso cuesta esfuerzo y tiempo, y al menos cuando a mis manos ha llegado alguna guitarra del constructor que antes ha puesto las mías a caer de un burro, me muerdo la lengua y no digo nada.

Por Graciliano Pérez Carrizosa
Constructor Artesano de Guitarras
Colaborador Fundación Guitarra Flamenca.
www.fundacionguitarraflamenca.com

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