TALLER DE GUITARREROS XXXV

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Graciliano Pérez y José Pérez

La manera de cortar las maderas del tronco principal ,tiene una importancia capital para el constructor, hoy día esa tarea prácticamente ha desaparecido y el guitarrero obtiene las suyas ya cortadas en casas especializadas que nos inspiran confianza, pero hasta no hace mucho el constructor adquiría los troncos de una pieza y el mismo debía preparar sus cortes, esto tenía su ventaja y sus inconvenientes ,el guitarrero podía marcar las líneas de corte más favorables que siguiera la veta y evitarse nudos y deformidades, los mas escrupulosos utilizaban el hacha daban un golpe y desde ahí forzaban a la madera a abrirse siguiendo el dictado natural de la situación de las vetas asegurándose a sí que esa madera no escondiera ninguna “falsa vía” que una vez situada en la guitarra se abriese causando un desastre, este método como digo tenía sus ventajas pero como inconveniente se desperdiciaba muchísima cantidad de madera.

Todo aquel que ha cortado un tronco sabe que de entrada, salvo que se produzca un milagro más de un 50% de ese tronco ira al fuego, eso crea un estado de ansiedad importante a la hora de proyectar su corte intentando obtener el máximo de tablas, la satisfacción es que has cortado por dónde has querido, y obtenido a si piezas que consideramos resultaran estables durante su curación ,D. Miguel Rodríguez por los años 50 del siglo pasado era muy dado a comprar la madera en troncos que el mismo aserraba, tenía en Barcelona un suministrador hoy ya desaparecido, Maderas Carreras ,que le ofrecía troncos del mejor pino Suizo, y para las maderas Brasileñas, Antonio Tranquiliño le suministraba el palo santo de Rio.

Traer un árbol completo desde Brasil al puerto de Málaga no era tarea fácil, las gestiones entonces se hacían por carta y eso requería un tiempo de preliminares que a veces duraba un año, resolver todo el papeleo de aduanas era escandalosamente complicado y hasta ir a Málaga con un camión para recoger ese tronco podían haber pasado fácilmente un año y medio. Una vez en Córdoba el transporte hasta el taller se hacía a mano lo que requería contratar un buen numero de braceros, al final ocupando media casa D. Miguel contemplaría satisfecho a aquel gigante de más de cuatro metros de largo y una tonelada de peso, como es lógico esto no se hacia todos los días, con aquel tronco si todo iba bien tendría madera suficiente para muchos años. Hoy esto solo es un recuerdo, ya nadie puede comprar un tronco a si y mucho menos de Rio, pero recuerdo con agrado como muchas veces oí contar estas aventuras y desventuras en el taller, mientras se añoraban esos tiempos.

Por Graciliano Pérez Carrizosa
Constructor Artesano de Guitarras
Colaborador Fundación Guitarra Flamenca.
www.fundacionguitarraflamenca.com

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