TALLER DE GUITARREROS XXXVI

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Graciliano Pérez y José Pérez

Debo de confesar que hay momentos en los que ser constructor no es fácil, no me refiero al momento de hacer números, ni cuando eres objeto de algo más que una crítica objetiva, me refiero a esos momentos en los que un aro se raja, una tapa descubre un nudo escondido, un mástil se ha torcido o una roseta no encajo como debía, son momentos en los que te planteas si ha merecido la pena todas las horas invertidas en esa guitarra y si existe alguna manera de seguir y lograr terminarla, ustedes deberían vivir un momento como ese para saber cómo se siente e guitarrero ante los inevitables accidentes del taller, hoy día vivo pegado( nunca mejor dicho) al bote de cianoacrilato, y es que este invento ha venido a traernos soluciones para las más diversas catástrofes del trabajo diario, a si que desde aquí rindo homenaje a este ángel de la guarda siempre dispuesto a echar una mano.

Pienso como se las arreglaban nuestros antecesores cuando no contaban con este adhesivo instantáneo, lo más seguro es que tendrían tal cuidado que apenas cometerían errores por la cuenta que les traía. D. Miguel Rodríguez había desarrollado sus pequeños trucos para tapar a aquellas mínimas uniones que no hubiesen encajado bien, era una época en la que aun no se habían desarrollado las masillas coloreadas y las pastas de madera con cola no daban buenos resultados así que con una chapa de refresco, daba igual la marca, un poco de cera y anilina para colorear elaboraba su “masilla” personificada, calentaba la chapa la cera se derretía y tomaba el color de la anilina idéntico al de la madera que trabajaba.

Para los agujeros de la carcoma tenía un sacabocados y con el obtenía pequeñísimos trocitos de madera circular que encajaban a la perfección en el defecto, y supongo que un arsenal de recursos que se llevo a la tumba. Tan importante es solucionar estos pequeños accidentes sin que se note, como construir una guitarra, y debo confesar que se siente una gran satisfacción cuando se devuelve a la vida un instrumento que ya dábamos por perdido.

Por Graciliano Pérez Carrizosa
Constructor Artesano de Guitarras
Colaborador Fundación Guitarra Flamenca.
www.fundacionguitarraflamenca.com

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